El botón que paró el mundo.

Nuestro Planeta es finito, esto es algo que se nos olvida en nuestro día a día y a veces, no está de más recordarnos que tipo de pandemia estamos nosotros siendo para este mundo. Somos la única especie que ha sido capaz de adaptar el medio a nuestras necesidades y no ser nosotros los que nos adaptamos al medio.

En un mundo donde la destrucción de los ecosistemas es la norma del ser humano, la aparición de nuevas amenazas puede pillarnos de sorpresa. Al creernos que controlamos el mundo, se nos olvida que la naturaleza es tan imprevisible como incontrolable. Así que no está de más que de repente, se nos haga recordar lo minúsculos que somos en la Tierra y como en esta trama de la vida -los humanos- podemos ser prescindibles.

Nuevas amenazas nos acechan por usar la Tierra desmesuradamente y no hacer caso a los expertos, desmontando la creencia de que lo tenemos todo controlado. Así es como una mínima chispa puede provocar algo tan espontáneo como insospechado para todos, tambaleándose así nuestro mundo rutinario.

La antesala; nos metimos donde nadie nos llama.

Las enfermedad emergente de los últimos 30 o 40 años han surgido como resultado de nuestra invasión en tierras salvajes además de los cambios en la demografía. Según los estudios son nuevos tipos de patógenos o antiguos que han mutado para convertirse en novedosos.

Las enfermedades emergentes han aumentado en el último siglo, se dice que esto es debido a la creciente invasión humana en el hábitat, especialmente en los puntos críticos como en las regiones tropicales. Muchas de las enfermedades que más nos ha costado combatir, han surgido de los bosques y la vida silvestre que llega a las poblaciones humanas, como paso con la peste y pasa con la malaria.

Actualmente se dice que más de la mitad se tratan de enfermedades zoonóticas que se originan en animales pudiendo saltar la barrera de las especies hasta llegar a nosotros -los humanos- suelen ser particularmente peligrosos ya que nuestro sistema inmunológico aún no sabe cómo combatirlos.

De especie a especie y tiro porque soy un virus.

Existen trabajos de investigación que se basan en los virus transmitidos por la vida silvestre en los trópicos. Estos trabajos se centran en aquellos animales que más probabilidades de transmitir la enfermedad a las personas como ratas, murciélagos e incluso primates.

Desde la agricultura, la ganaderia, la caza furtiva son condiciones para que por ejemplo un -virus- salte de animales a los seres humanos. Esto ya pasó antes, seguramente conozcas estos casos, de las vacas el sarampion, de los cerdos la tuberculosis, la tosiferina de los patos… 

En definitiva, la mayoría de las epidemias son el resultado de cómo los humanos tratamos a la naturaleza.

Cuando se rompe la normalidad ecológica las consecuencias pueden ser insospechables, ya que no sabemos hacia dónde va evolucionar las mutaciones, así que difícilmente podremos prevenir las consecuencias.

Por ejemplo, el virus del género henipah, Virus Nipah en el sur de Asia, son originarios de los zorros voladores, Pteropus vampyrus, el murciélago de la fruta. Son unos murciélagos bastante grandes que se envuelven en sus alas membranosas y cuelgan boca abajo, ellos comen fruta masticando la pulpa y escupiendo los jugos y las semillas.

Ellos han evolucionado con el virus durante millones de años, realmente han ido de la mano en una evolución conjunta así que a los murciélagos sólo les produce un pequeño resfriado de vez en cuando. De hecho el virus puede reclutarse en el zorro volador y mantenerse después de períodos de remisión.

Cuando este virus pasa a otras especies, con las que nunca ha estado en contacto anteriormente puede producir una pandemia. Así ocurrió en Malasia en 1999 siendo la primera aparición de la enfermedad tanto en humanos como en cerdos.

Se cree que esa fruta que escupe los murciélagos, pudiera caer en alguna pocilga infectando sin querer a los cerdos, lo que saltó a los humanos matando e infectando a muchos de ellos, las secuelas de esto es que muchas personas sufrieron trastornos neurológicos permanentes.

Nunca se buscó ninguna vacuna y se dice que ha habido más brotes desde entonces pero sin ninguna repercusión. En este caso el virus también se puede reclutar en humanos pudiendo enfermarlos hasta cuatro años después de la primera exposición.

Normalmente estos animales con sus virus estarían en sus bosques, pero al invadir los humanos sus hábitats, empiezan a expandirse. En este caso, algunos encontraron refugio en la parte trasera de los patios, donde el contacto casual puede ser inesperado, extendiéndose en cuestión de tiempo.

Abriendo la caja de pandora.

Según los investigadores la clave para prevenir cualquier pandemia es comprender lo que se llama efectos protectores de la naturaleza intacta. Esto significa que debemos dejar lugares naturales intactos para que nos amortiguan las amenazas.

Y esto se entiende mejor con un ejemplo; pensemos en el Amazonas, estudios constatan que un aumento de la deforestación aumenta la incidencia de la malaria, ya que los mosquitos (que transmiten la enfermedad) se ven beneficiados por el aumento de luz solar y agua en las áreas recién deforestadas.

Así que destruir bosques de manera incontrolada puede abrir esa caja de pandora y desmontar nuestro sistema de conexión. Por eso es tan importante contar con expertos en ecología que comprende hasta donde se puede tocar, ya que no somos los únicos seres que habitan este Planeta y hay algunos que aunque no los veamos nos pueden hacer daño.

Así que invadir paisajes tropicales intactos puede causar enfermedades, de hecho los virus son más listo de los que pensamos. Os voy a poner otro ejemplo, el virus del Nilo Occidental que llegó a Estados Unidos desde África, eligió como anfitrión el petirrojo, lo que se convirtió en un super esparcidor ya que es un pájaro presente en céspedes y campos agrícolas.

Los cambios humanos en el medio ambiente, como la reducción y la fragmentación de grandes bosques contiguos a las ciudades, ese llamado “desarrollo” ha sido el culpable de ahuyentar a los depredadores como los lobos, los zorros, los búhos, halcones… aumentando así la población de muchas de sus presas -como pequeños mamíferos- que suelen ser los reservorios por ejemplo, de las garrapatas, que transmiten un montón de enfermedades.

Si se erosiona la biodiversidad, con talas incontroladas, fragmentación del terreno o reemplazamos el hábitat con campos agrícolas, tendemos a deshacernos de las especies que en realidad cumplen una función protectora, aunque nosotros ni lo sepamos.

Pero..¿Qué es un virus?

En la naturaleza existen millones de seres vivos diferentes y a los humanos que nos gusta clasificarlo todo, así que hemos creado cinco grandes grupos llamados reinos. El reino animal, el reino vegetal, el reino hongos (setas, mohos y levaduras), el reino protoctistas (protozoos y algas) y el reino móneras (bacterias).

Los virus no entran dentro de ninguno de estos grupos, ya que son como partículas formadas por ácido nucleico rodeados de proteínas, con capacidad para replicarse. Según nuestro entender, sólo contagian y se expanden en las células que invaden que pueden ser plantas, hongos, animales, bacterias… Así que sin su interacción con su huésped, no pueden existir.

A los virus les basta sólo para modificarse genéticamente, están sometidos a mutaciones continuas que puede acabar conduciendo a diferentes cepas, es por esto que se hallan en casi todos los ecosistemas de la Tierra.

En el caso del coronavirus, los expertos dicen que está mutando así que la cepa que mejor se adapte al ser humano, es decir la que tenga una letalidad reducida y produzca síntomas más leves, se propagará con mayor facilidad. Al fin y al cabo al virus le interesa sobrevivir el máximo tiempo posible entre los humanos y no desaparecer.

Así que son capaces de mutar para hacerse imperceptibles, lo que les ha conferido una gran ventaja evolutiva. Incluso se hacen resistentes a los medicamentos antivíricos, lo que nos hace bien difícil acaba con ellos. Con las infecciones bacterianas no nos pasa eso, somos capaces de cortarlas de raíz pero esto es debido a la disponibilidad de antibióticos que poseemos.

Así que nuestra única defensa ante los virus, o por lo menos la primera, es confiar en nuestro sistema inmunitario innato, la precaución y no provocarlos metiéndonos donde nadie nos llama.

Gustos salvajes.

Después de tantos años de evolución culinaria, ya tenemos nuestro cuerpo apto a una serie de alimentos. Además, ya nos hemos encargado de investigar e inyectar para prevenir o incluso engordar, una pieza de lo que llamamos alimento, como si antes no hubiese tenido vida.

Pero hay una mínima parte de la población que quiere ir más allá consumiendo animales que no son nada apetecibles, pero les han achacado una serie de connotaciones milagrosas como a los pangolis. Se consideran un manjar y sus escamas las usan para un sin sentido de remedios.

Las condiciones en las que se confinan estos y otros animales, hace que sea un festín para los virus y cualquier otro tipo de infecciones. Porque antes de llegar a la mesa de los señoritos, hay que cogerlos de su medio natural, transportarlos sin ser detectados y hacinados hasta la espera.

Actualmente las secuencias derivadas de pangolín que se han descubierto son las más cercanas hasta ahora al SARS-CoV-2 pero aún tienen alrededor de 3000 diferencias genéticas del virus que causa COVID-19, así que aún es un misterio.

Pero si en algún casual, los pangolines son realmente el huésped intermediario, el tráfico ilícito de estos animales podría haber sido el revés, el karma o la venganza servida fría de estos animales a los humanos.

Los pangolines son traficados por su carne y sus escamas. Su única defensa contra los depredadores es acurrucarse en una bola y quedarse quietos. Parecía demasiado fácil, algún as debían estar guardando estos pobres inocentes.

¿Podría ser el fin del tráfico ilegal de especies?

El negocio ilegal de animales exóticos es el cuarto más beneficioso por detrás del de las drogas, armas y tráfico de seres humanos. Es curioso que los mercados ilegales, sean los que mueven el mundo. De hecho el nivel al que se trafican los pangolines es exageradamente enorme en comparación con lo que ha sido en el pasado.

El caso es que podría ser una buena oportunidad para acabar con la trata ilegal de animales salvajes. Su captura, venta y consumo, ha sido denunciada durante décadas por activistas ambientales y conservacionistas. El problema es que a los compradores, nunca se los ha convencido.

Así que una vez más es cuestión de concienciación y educación. Hay que convencer a las personas que van a los mercados de que no es apropiado, ni bueno consumir y comprar vida silvestre como alimento. A largo plazo, el comercio ilegal de vida silvestre debería totalmente erradicarse.

Pero hay que tener cuidado porque la simple prohibición al final acaba empujando al comercio en la clandestinidad y como resultado aumenta su precio y los animales asesinados, para compensar el costo de las incautaciones.

La evidente falta de regulación, no mitiga el riesgo de la infección cruzada, así que se debe implicar a todos los países para evitar el aumento de las enfermedades zoonóticas. Si existen países donde el control no es tan estricto y se siguen vendiendo en los mercados locales, va a volver a suceder.

Tengo que mencionar que incluso a día de hoy en mercados de Yakarta, se sigue vendiendo murciélagos abiertamente ajenos al jaleo del coronavirus.

El botón que paró el mundo.

Lo cierto es que desde los años 40 no han parado de aparecer o reaparecer centenares de microbios patógenos para nosotros, aunque de la mayoría no nos hayamos enterado. Además no son pocos los estudios que muestran cómo el cambio climático puede estar beneficiando a estas nuevas amenazas.

Por ejemplo, estudios recientes confirman que el cambio climático puede ayudar a la transmisión de virus entre distintos mamíferos. No sólo las condiciones cambian, es el desequilibrio ecosistémico que va a todas las escalas, así que también afecta de lleno a los humanos.

Porque aunque estemos jugando nosotros en la partida si cambian las condiciones ambientales, también pueden cambiar las reglas del juego, lo que evidencia que no tenemos el control de la partida.

Tal vez ahora es el momento de repensar nuestra relación con la vida silvestre y aprender a dejar lo que es de la naturaleza en la naturaleza, donde pertenecen. Cuanto más nos ponemos en contacto con nuevos entornos, más aumentamos la probabilidad de que estemos expuestos a nuevos virus.

Ni lo sabemos todo, ni hemos explorado todo. Tenemos un mundo finito pero inmenso en posibilidades para aprender, así que invertir en investigadores no sólo puede hacer enriquecer a ese país en un futuro, sino que lo puede salvar de cualquier nueva amenaza. Tener científicos preparados y listos para reaccionar, podría salvar vidas.

Pero elegimos la impaciencia como ciencia y ahora nos pilla sin respuesta ante enemigos invisibles, que viene a por nosotros por habernos metido donde nadie nos llama.

En conclusión, cuando nuestras actividades destruyen hábitats o rompen el equilibrio natural nos acaba afectando, porque resulta que todo está relacionado. Así que el mensaje está claro, a este mundo si no lo entendemos o lo cuidamos, se nos puede volver en contra.

Podría ser maravilloso que todo esto sirviera para que finalmente se acabe con el comercio de animales salvajes, un impulso para el comienzo en la prevención de las enfermedades zoonóticas. Podríamos aprender a como hacer las cosas de manera más sostenible y dejar intactos amortiguadores de espacios naturales (sin la presencia humana), donde la Tierra encuentre su equilibrio y no nos vuelva a considerar más, como su pandemia.

María Marcos

Biologa maria, especializada en Gestión y Conservación de Espacios Naturales Protegidos, y Rehabilitación de Corales.

Wildlife Biology, Environmental Journalists, Nature Guide.

4 Respuestas a “El botón que paró el mundo.

  1. Esta claro, somos un peligro pero creo que aprenderemos. Gracias por tus datos y explicaciones.

    • Muchas gracias Larina, me alegro que me leas y que te guste! Hay que entender lo que sucede para tomar soluciones de verdad. Si miramos para otro lado cuando todo esto acabe, volverá a pasar.

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