Rafflesia, el rubí botánico de las selvas tropicales.

La primera vez que vi una Rafflesia, fue en uno de los libros de naturaleza que solía regalarme mi familia, así de bióloga debí de salir. Quedé tan impactada por la foto y la descripción de aquella extraña flor gigante, que en seguida en mi mente se sumó a la lista de metas naturales a conseguir en el futuro.

¿Qué es una Rafflesia?

La Rafflesia es la planta más famosa de Malasia, en donde vivo ahora mismo, de hecho su imagen aparece en los billetes de Rm 10. Es la flor más grande del reino vegetal. Se puede decir que es tan rara, como extraordinaria y no sólo por su extraña forma y tamaño, sino también por su curiosa biología.

El género de la Raffexia, consta de 14 especies y todas ellas sólo son encontradas en Borneo, Malaysia Península, Tailandia, Filipinas, Java y Sumatra.

Aunque parezca mentira su descubrimiento es bastante reciente, fue en 1819 cuando Singapore era una isla botánicamente muy rica y se dió a conocer al mundo esta maravilla. A partir de que la primera Rafflesia hiciese su primera aparición, otros naturalistas empezaron a toparse con ellas en sus expediciones en otros sitios, entre ellos en Sumatra.

La Rafflesia es una planta parásita de los bosques tropicales.

Su única parte visible, es la flor. Una flor sin hojas, sin tallos, sin raíces. Sólo una flor enormemente colorada brotando directamente del suelo, como un rubí botánico.

Estas flores, tienen la fama de emitir un olor muy fuerte a cadáver ya deteriorado. En verdad este olor sólo dura unas pocas hora y sirve para atraer a las moscas u otros polinizadores.

Esta espectacular floración en medio de la penumbra de la selva, sólo dura entre tres a cuatro días. Es por ello que encontrarla en flor es todo un espectáculo, a la vez que una suerte. Y lo más interesante es que en verdad, hay procesos que ocurren en la naturaleza, que el ojo humano no puede ver. Por ejemplo, los brotes de esta extraordinaria flor, tardan entre nueve meses y un año en desarrollarse, que diferencia ¿verdad?

Primero aparece una especie de bulbo que brota del ras de la tierra. Se empieza a cubrir con brácteas de color marrón oscuro hasta el tamaño de un repollo grande (o un balón de fútbol).

Esta planta parásita va creciendo lentamente en la vid del hospedador, que suelen encontrarse en las cuencas tropicales. Esta planta anfitriona sobre la que se hospeda, no es una planta cualquiera debe ser una especie en particular y se llama la Tetrastigma.

Tetrastigma es una planta trepadora, con zarcillos y hojas palmeadas. La Rafflesia, crea unos hilos muy finitos dentro de esta planta, de los cuales extrae sus nutrientes.

La flor con sus cinco lóbulos carnosos rojos -que en verdad son sépalos- se van enroscando hacia atrás y la belleza de esta floración no dura mucho, tan repentinamente se abre, como también se convierte rápidamente en una masa negra de tejidos podridos en menos de dos semanas.

La enorme cúpula abierta, alberga la parte reproductiva de la flor y las flores pueden ser masculinas o femeninas.

La sincronización de la naturaleza, siempre nos sorprende.

Ese olor a podrido atrae a los escarabajos y moscas que aman la carroña. El polen de las anteras se quedan en el polinizador y son exportadas hacia otra flor femenina cerca. Cuando esto ocurre, el polen hace su función.

Confesaros que la sincronización con la que se sigue este proceso sigue siendo a día de hoy un misterio sin resolver para los botánicos.

Otro de los misterios que rodea al ciclo de vida de estas extraordinarias plantas, es la dispersión de las semillas. Algunos estudios, han sugerido que el árbol hospedador es el jugador principal en este proceso. Sin embargo, otros investigadores, lo achácan a las ratas, ciervo raton o las aves, que al raspar alrededor de las flores muertas, obtiene las semillas que son pegadas en su pelaje o plumaje y al frotarse contra la corteza de la vid del Tetrastigma, germinan y crecen.

Principales amenazas.

La principal amenaza para ellas, es la pérdida de hábitats adecuados. Cuando las selvas vírgenes se despejan para plantaciones, asentamientos humanos u otros desarrollos económicos, las vides hospedadoras del Tetrastigma también se cortan y se destruyen.

Dejando un bosque degradado y un número decreciente de enredaderas de Tetrastigma, la posibilidad de que los animales se dispersen para transportar e implantar las semillas de Rafflesia en sus enredaderas tan específicas, es mucho más improbable.

Y otra amenaza, es la colección de las yemas para la venta por los lugareños bajo la creencia insustancial, de que los brotes tienen valores medicinales para una serie de dolencias.

La primera vez que la vimos.

En nuestro segundo viaje a Sumatra, en la costa Oeste en los alrededores de una ciudad llamada Padang, justo enfrente de las islas Mentawai, las vimos por primera vez.

Os tengo que confesar que esta zona de Indonesia es un auténtico paraíso natural. Aquí te das cuenta de lo brutal, inmensa y poderosa que realmente es la naturaleza.

A nosotros siempre nos pasan cosas así, siempre encontramos esporádicamente algún local que después de comprobar mi pasión por la naturaleza, deciden enseñarnos algo mágico e inolvidable.

Así fue como después de una breve conversación con un aldeano, nos propuso enseñarnos algo pero que para ello tendríamos que dar un “pequeño trekking por la jungla”. Obviamente nosotros en aquel momento no teníamos nada mejor que hacer. Así que el hombre se puso andar y nosotros simplemente le seguimos.

Era una persona bastante interesante, se paraba en cada árbol del que tuviese algo que contar. Nosotros le seguíamos atónitos y sin saber qué era aquello que nos quería mostrar. La verdad es que la ruta no fue un paseo, el tema se empezó a complicar subidas sin camino, bajadas empinadas, la humedad te daba bofetadas a cada paso produciendo una sensación de agotamiento, que se te olvidaba al momento de ver cómo aquel hombre no paraba de contarnos cosas y la verdad, es que se hizo la caminata entretenida.

De repente se para y nos dice; ahí están! -Las primeras Rafflexias de mi vida-. Pudimos verlas, en sus distintos estados de desarrollo. No cabía en mi emoción, no os podéis imaginar lo que significa para una bióloga ver esta especie en todo su esplendor.

Resulta que este local que nos acompañaba se dedicaba a indagar por la jungla de su aldea para localizarlas y nos contó que una vez se encontraba en una de sus expediciones diarias cuando encontró esta otra gigantesca flor.

Foto María Marcos, Sumatra.

Así que como veis no está todo descubierto entre el verde espesor de la selva tropical.

Mi segundo encuentro, con esta maravilla natural, fue esta que os muestro en la foto. Encontrada en Kota Kinabalu, Sabah, en la isla de Borneo.

Es otra especie diferente por eso era de menor tamaño. Se encontraba en las inmediaciones de una vivienda privada, que para protegerla la habían cercado y puesto unas pasarelas de madera para que no se pisará por donde podría volver a salir. La verdad es que su perfección y sus colores, nos dejaron boquiabiertos.

Esta que pudimos contemplar en Sabah, es la Rafflexia Keithii.

Espero que a pesar de toda la jungla que estamos arrasando -los humanos- para nuestro uso y abuso de recursos naturales, no acabe por destruir todos aquellos lugares en los que tienen el privilegio de tener este rubí botánico.

Si tenéis la oportunidad de verla, hacerlo porque es todo una experiencia. Ver como sale una flor gigantesca tímidamente entre la tierra de los dominios de las selvas tropicales del Sureste Asiático, es bastante impactante.

Ahora si, siempre con delicadeza porque cuando se ve una suele haber bulbos cerca y son 9 meses de formación. Es esta una de las razones por las que es importante ir siempre con guías de naturaleza para aprender apreciar y entender, bellezas como estas.

María Marcos

Biologa maria, especializada en Gestión y Conservación de Espacios Naturales Protegidos y Rehabilitación de Corales.

Wildlife Biology, Environmental Journalists, Nature Guide.

4 Respuestas a “Rafflesia, el rubí botánico de las selvas tropicales.

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